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Revista Digital de la Unidad Académica de Docencia Superior,
Universidad Autónoma de Zacatecas, ISSN: 2594-0449.

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Publicaciones

Entre voces: Polifonía en "Duerme" de Carmen Boullosa por Flor Nazareth Rodríguez Ávila y Elsa Leticia García Argüelles

Enero-julio 2026, número 34.
Veta encendida. 80x120cm. Técnica mixta

Rodríguez Ávila, Flor Nazareth y García Argüelles, Elsa Leticia. (2026). Entre voces: Polifonía en "Duerme" de Carmen Boullosa. Revista digital FILHA. Enero-julio. Número 34. Publicación semestral. Zacatecas, México: Universidad Autónoma de Zacatecas. Disponible en: http://www.filha.com.mx. ISSN: 2594-0449. 

Flor Nazareth Rodríguez Ávila. Mexicana. Maestra en Filosofía e Historia de las Ideas. Doctora en Estudios Novohispanos. Docente de la Licenciatura en Artes de la Universidad Autónoma de Zacatecas. Trabaja líneas de investigación relacionadas con la literatura mexicana, el teatro y la docencia. Entre sus publicaciones pueden encontrarse trabajos sobre autoras latinoamericanas como Carmen Boullosa, Clarice Lispector y Ángeles Mastretta, así como artículos sobre el teatro contemporáneo y la docencia en el siglo XXI. Orcid ID: https://orcid.org/0009-0009-3398-1136 . Contacto: florazula213@gmail.com

Elsa Leticia García Argüelles. Mexicana. Docente investigadora en la Maestría de Investigaciones Humanísticas y Educativas y el Doctorado en Estudios Novohispanos de la Universidad Autónoma de Zacatecas, especialista en literatura contemporánea y femenina. Orcid ID: https://orcid.org/0000-0002-8830-832X . Contacto: elsalet_35@hotmail.com

ENTRE VOCES: POLIFONÍA EN DUERME, DE CARMEN BOULLOSA

Between voices: polyphony in Duerme, by Carmen Boullosa

 

Resumen: La novela Duerme de Carmen Boullosa ha sido estudiada desde lo histórico y femenino y se ha privilegiado a la protagonista Claire como el centro de esas investigaciones. Este énfasis ha dejado fuera de los estudios a Inés “la de las manos tibias”, Cosme o Pedro de Ocejo, personajes que conforman un entramado de voces que hacen una polifonía. El presente análisis pretende desentrañar ese tejido de voces a través del concepto de polifonía de Mijaíl Bajtín, así como debatir la construcción de la voz de Claire en la narración a partir de las voces de los “otros”. La autonomía de voces que caracteriza a la polifonía se forma en el discurso novelesco a partir de personajes indígenas, españoles y una francesa por lo que es también una estrategia para abordar lo cultural y lo histórico en la novela.

Palabras clave: polifonía, indígena, personaje, heteroglosia, perspectiva.

Abstract: Duerme, a Carmen Boullosa novel has been studied from the  historic and feminism point of view. The protagonist Claire is the center of the study. The emphasis in Claire has let outside  in the studies other characters like Inés “la de las manos tibias”, Cosme or Pedro de Ocejo. The present analysis pretends to unravel the voices construction between these characters, the protagonist Claire and the others, Inés, Cosme and Pedro de Ocejo. The theoretical concept for this analysis is polyphony of Mikhail Bakhtin, this concept will show us how the construction of the novel is created by all voices of the characters, not only Claire’s one. The polyphony is a strategy to approach to the cultural and the historical in this novel.

Keywords: polyphony, indigenous, character, heteroglossia, perspective.

 

Las voces en el relato literario forman parte de un tejido de sonidos y de formas, secuencias y facetas que llevan a los personajes a seguir diferentes caminos, los cuales se encuentran en un punto, a veces para desplegar diferentes visiones y en otras para manifestar una identidad compleja de los personajes y la consciencia del lenguaje. La narrativa escrita por Carmen Boullosa toma diferentes motivos, uno de ellos ha sido el mundo prehispánico, leitmotiv que engarza el pasado y el presente, lo que marca un extrañamiento en sus personajes femeninos que viven en diferentes mundos culturales.

Carmen Boullosa es una autora mexicana contemporánea que ha estado activa desde la década de los ochenta hasta nuestros días; es sin duda una escritora prolífica tanto en prosa como en verso y teatro. Su obra ha sido traducida sobre todo al inglés y estudiada desde diferentes ángulos en los que predominan lo histórico y la perspectiva femenina. Sus textos se caracterizan por una amplia gama de personajes y temas que van desde rescrituras de personajes históricos y literarios hasta ficciones creadas a partir de alternativas que figuran como un tal vez. Su prosa crítica enfoca temas sociales vinculados con la realidad contemporánea mexicana por ejemplo Narcohistoria: cómo Estados Unidos y México crearon juntos la guerra contra las drogas (2016) obra que trabaja desde lo ensayístico un tema urgente para la sociedad mexicana. La temática de las obras de Boullosa tiende hacia un replanteamiento de la realidad, ya sea ésta histórica, literaria (entiéndase ficcional) o la de sus contemporáneos. Dicho replanteamiento es el punto de partida de este trabajo, en el cual se revisan un conjunto de voces a través de los personajes de Duerme, novela en la que se ha estudiado particularmente al personaje de Claire, protagonista quien aparece en otros textos de Boullosa. En varios textos críticos se han dejado fuera otros personajes para centrarse en la transformación y entramado de voces articulados en Claire, estudios que van desde lo corporal hasta el vestido. Esta propuesta de análisis retoma la voz de Claire como una guía que se nutre de las voces de otros personajes, creando con ello polifonía y heteroglosia, ambos términos de Bajtín, que inciden en la formación de una voz a partir de otras, tomando con ello rasgos de género, raza y condición social. En general, podemos pensar en una totalidad que replantea una etapa de la historia mexicana, misma que se reinventa a partir de la imaginación y la ficción; de este modo, la autora nos propone una época especialmente caótica sobre la que existen diferentes versiones y voces tomando forma y sonido. 

Sobre dicha temporalidad Boullosa ha escrito tres novelas Cielos de la tierra (1997) Llanto, novelas imposibles (1992) y Duerme (1994). En conjunto las obras abordan la Conquista de México y los años inmediatamente posteriores. La historia y la ficción forman parte de la estrategia narrativa en la que pueden encontrarse tanto personajes históricos, desdoblados en la ficción como los netamente ficcionales. El conjunto de personajes llama la atención desde su composición, a la luz del análisis literario destaca el mosaico compuesto por esa gama de personajes que incluyen indígenas y franceses en el México Novohispano. Lo que brinda la visión del extranjero y el despojado en una sociedad que no tiene claros límites sociales, culturales y, en la que incluso, los geográficos se empiezan a formar.

Cuando Menton (1998) definió las características de la nueva novela histórica latinoamericana enumeró entre ellas la polifonía y la heteroglosia ( p. 44); conceptos ambos de Mijaíl Bajtín desarrollados a partir de la narrativa de Dostoievski. Reflexionar sobre éstos en la narrativa de Boullosa brinda dos posibilidades de interpretación que permiten analizar las voces de los personajes desde el punto de vista estructural y también desde el punto de vista del contexto de la época. Pueden analizarse entonces dos enfoques de los discursos del “otro”, entendido como otro personaje y también como otro sujeto que representa una visión de la época.

La narrativa de Boullosa, en concreto la que concierne a sus obras históricas ha sido revisada desde diferentes ángulos, en lo que respecta a lo polifónico sus obras destacan por el uso de diferentes voces narrativas. Cielos de la tierra, Llanto, novelas imposibles y Duerme son consideradas como un ejemplo tanto de lo polifónico como de lo histórico, sobre todo del último rasgo, del que han surgido varios estudios sobre las tres novelas. Las voces narrativas han sido analizadas desde la visión e identidad de los personajes; no obstante, dicho análisis se ha centrado en la vestimenta y el cuerpo de Claire; el mestizaje, la fragmentariedad del discurso han sido dejados de lado y con ello otras posibilidades de interpretación. A lo largo de la novela, la protagonista Claire conoce a varios personajes, primero sustituye a un noble español en la horca y cambia de ser una pirata a un hombre acaudalado, luego se viste de india y asume ese rol mientras escapa de la horca; los “cambios” en la protagonista han sido motivo de estudio, pero éstos no se dieron por azar, fueron consecuencia de la interacción con otros. La historia se resume de manera somera así: una mujer llega a la Nueva España disfrazada de pirata con la intención de formalizar un trato de negocios, es secuestrada para sustituir al Conde Urquiza, un noble español, en la horca. Durante el proceso de sustitución conoce a Inés una indígena que vierte en su cuerpo agua de los lagos de la antigua Tenochtitlán a través de una herida en el costado, lo que le salva la vida en la horca. Luego su cuerpo al ser llevado a la tumba es vestido, de nueva cuenta, con el atuendo de una “india” y continúa un viaje por el centro de México, de donde no puede alejarse debido al agua en su cuerpo, porque caerá en un profundo sueño.

¿Puede lo polifónico circunscribirse a un personaje? Claire, protagonista de Duerme, cambia su voz cuando cambia de ropa y ejemplifica esta característica en su cuerpo y discurso, de ello dan cuenta varias autoras como Pirrot Quintero, Nora Vilches, Paola Madrid Moctezuma, entre otras. Coinciden en señalar que el discurso de Claire se vuelve otro a lo largo de la novela y señalan el elemento de la polifonía; no obstante, al regresar a la pregunta anterior es inevitable interrogar el discurso de Claire ¿cómo se vuelve hacia lo “otro”? ¿cómo aborda el discurso del indígena, del europeo, de lo femenino y masculino? En su historia se cruza con otros personajes que tienen un rol fundamental en el entramado histórico y, sobre todo, son quienes nutren su voz; para dar respuesta a la pregunta desde la totalidad de la novela, es necesario fijarnos en la participación de esos personajes, en el discurso que representan y verificar si sólo a partir del cambio de ropa Claire se asume como india o francesa.

Pedro de Ocejo, Inés (“la de las manos tibias”), Cosme, el Conde Urquiza son los personajes que en mayor medida influyen en la historia de Claire y la complejizan; es decir, la historia de Claire, sus cambios de voces, se dan por estos personajes, ella sirve como catalizador de sus posturas, pero ellos fijan también un discurso.

Una manera de generalizar las posturas que pueden ubicarse en la novela es la siguiente: primero la que corresponde al colonizador y conquistado (hay que recordar que la temporalidad de la novela son los años posteriores a la conquista de México) así como los matices que surgen entre dichas posturas, la de la extranjera y la mezcla entre femenino y masculino. Una segunda se ubica en la época de la autora (el siglo XX), al contexto que rodea a la publicación de la novela y que retoma la perspectiva en torno al indígena y a la época de la colonia, en concreto el siglo XVI a partir del siglo XX. Una tercera, desde la cual se ha abordado con énfasis al personaje de Claire es la de lo masculino y lo femenino. Sobre la última, los trabajos de las autoras mencionadas han dejado en claro que el vestido y el hibridismo sexual del personaje es una manifestación de una sexualidad en la que lo binario queda anulado.

En lo que respecta a los estudios históricos de la novela, centrados en el personaje de Claire, se ha enfatizado su crítica desde el contexto del siglo XVI y desde el de la autora. López Margarita, en su tesis Las voces subversivas en la novelística de Carmen Boullosa, opina que la postura da la autora parte de lo posmoderno y, por tanto, la postura histórica de las novelas tiende a la anulación de lo histórico. Giuada Biasetti en El poder subversivo de la nueva novela histórica femenina sobre la conquista y la colonización: la centralización de la periferia, por otro lado, habla de la ausencia de datos históricos para dialogar con la obra y el protagonista en cuestión, mientras que señala al personaje de Catalina de Erausto como posible fuente histórica del personaje de Claire. Ambos estudios, indispensables para pensar la propuesta de la novela, parten de dos presupuestos: la postura de la autora y el diálogo que ella establece con la conquista y colonia, así como las fuentes históricas desde las cuales se nutre la novela.

Al atender ambas posturas desde el concepto de polifonía: “unión de elementos heterogéneos e incompatibles con la pluralidad de centros no reducidos a un común denominador ideológico” (Bajtín, 2005, p. 31), puede entenderse que el diálogo histórico que existe en la obra es doble, se trata de un discurso que la autora construye a través de los personajes y su influencia en el discurso de Claire, así como la postura que establece sobre el periodo histórico. Hay una continuidad y pluralidad que se da, no sólo en el personaje de Claire, sino en toda la novela y en los discursos de los otros personajes. Al elemento polifónico se suma el fragmentario, característica de la narrativa de Boullosa y que en el caso de Duerme se relaciona con el discurso y la experiencia de la protagonista, si el discurso de Claire cambia cuando viste ropa de varón y de india, el motivo está en primer lugar en ella y segundo, en las manos de un tercero. Cabe recordar el momento en que inicia la novela y la primera interacción que se da con Inés “la de las manos tibias”. La protagonista llega vestida de pirata y la toman por hombre sus secuestradores, es Inés quien la desviste y le impone un destino, una voz y una perspectiva del “otro”. Sin duda, el tema del cuerpo y su vestimenta fungen un papel crucial, si bien por un lado este aspecto determina la voz del personaje y qué papel cumple su cuerpo “vestido” con determinadas prendas, también acompaña dicho rol, el lugar y la cultura con las que se juega entre desplazamientos e intercambios de identidad.

 

Fragmentos de voces

En Duerme a diferencia de Cielos de la tierra no imperan tiempos tan marcados como los que establecen tres narradores, su protagonista Claire es una mujer francesa, una prostituta que llega por azares del destino a la Ciudad de México. Es “ella” que aparece en Son vacas, somos puercos, filibusteros del Mar Caribe, novela en la que una mujer se embarca en una nave cuyo destino es la Isla Tortuga y que tiene la función principal de perturbar al protagonista Esquemelín.

La historia de Claire comienza cuando entumecida por una droga llega a una choza para suplantar al Conde Urquiza en la horca, quien no se sabe por qué ha sido condenado; en el momento en que se intercambian las ropas de éste y las del francés que ocupará su lugar, la india encargada del cambio se da cuenta de que no es un hombre, sino una mujer la que será ahorcada. Sin titubeos la mujer de “manos tibias” la desnuda y le abre con una piedra una herida en el pecho, donde vierte agua de los lagos de México que estaba depositada en cántaros. A partir de ese momento, Claire no podrá morir, solo caerá en un profundo sueño si se aleja de la Ciudad de México.

La historia de Claire se desarrolla de manera escueta, una vez que la profecía se cumple y no muere en la horca, vive una serie de aventuras que la llevan a combatir a los indios rebeldes y a dormir en el Potosí bajo el cuidado de Pedro de Ocejo. En el argumento de la obra, Claire se acompaña en estas aventuras por un grupo característico de personajes. La primera, “la de las manos tibias”, Cosme un indígena empleado en la mansión de Urquiza y Ocejo. La postura del “otro”, punto de partida, se da antes de que comience la narración cuando Claire viste de varón y no termina con el cierre de la novela porque la narradora principal es sustituida por Ocejo, quien crea un final para ella. Es importante identificar la voz de Claire para así matizar los cambios que comienzan a surgir una vez que establece una relación con el resto de los personajes, pero al realizar esta labor lo esencial del personaje aparece diluido en una sensación de malestar: “como cargan conmigo como con un saco inerte al hombro, mi pecho…sienten la tibieza del hombre que me lleva, pero en el otro lado de mi cuerpo siento un frío casi de muerte” (Boullosa, 1994, p.15)

Aunque la novela esté narrada en primera persona, su voz es sofocada por los otros personajes. En Son vacas somos puercos, novela en la que aparece por primera vez el personaje de “ella”, puede identificarse una voz determinada a liberarse de un rol específico: “A mí me han tocado más hombres que todos los que viajan en este navío. Pero eso se acabó, quiero que lo sepas. Por eso voy a cambiar de tierras. Y prefiero pasar por hombre, aunque los hombres sean seres que desprecio, que seguir siendo una puta. Se acabó” (Boullosa, 2007, p. 20).

La determinación del personaje de “ella” en Son vacas somos puercos está enfocada a lo femenino, por ende, su cuerpo es un eje del discurso, no en vano otras autoras han identificado en el cambio del vestido del personaje ese cambio de voz entre feminidad y masculinidad, pero al observarla desde lo cultural esa determinación queda anulada como si su cuerpo entumecido estuviera a merced de sus secuestradores. Claire carece del aplomo que se advierte en el personaje de “ella”, en cambio existe una voluntad firme en contraste con la suya: “Me descubre, me acomoda alzada la cabeza, mirando mi cuerpo y me clava con todas sus fuerzas la piedra en mi pecho desnudo…-Altia nite –dice para sí, y para mí-: no te haré mal. Ya paso el dolor” (Boullosa, 1994, p. 20).

Inés tiene, en contraste con Claire y a pesar de aparecer pocas veces en la novela, un discurso formado, ella representa y ejecuta un rito que forma parte de una cultura extraña para la protagonista. A partir de esa ejecución (entiéndase la condena a la horca y la muerte simbólica del corte para la supervivencia) Claire se autopercibe indígena, aunque nunca se asume totalmente como parte de su cultura.

Claire queda envuelta de manera involuntaria en ese giro de autopercepciones, pues plantea una visión híbrida: la de la mujer vestida de varón convertida por la magia de los lagos en un ser atemporal, conectado por siempre a la ciudad. Claire relata entonces en tiempos distintos, desde el acontecimiento que cambió radicalmente su vida para comenzar un periodo en el que ella se vuelve parte de un mundo que le implica asumir y reflexionar sobre un “otro” diferente: el mundo indígena. Es otras palabras, la francesa se vuelve una extranjera que se asume luego como noble varón español y, finalmente, como una sirvienta indígena. Torodov califica la relación con el otro como un extrañamiento, lo que se pude pensar que vive Claire:

 

Quiero hablar del descubrimiento que el yo hace del otro. El tema es inmenso…Puedo concebir a esos otros como una abstracción… o bien como un grupo social concreto al que nosotros no pertenecemos. Ese grupo puede, a su vez, estar en el interior de la sociedad: las mujeres para los hombres…o puede ser exterior a ella, es decir, otra sociedad, que será, según los casos, cercana o lejana…o bien desconocidos, extranjeros cuya lengua y costumbres no entiendo, tan extranjeros que, en el caso límite, dudo en reconocer nuestra pertenencia común a una misma especie (200, p.13).

 

Dichas diferencias comienzan a construir un mosaico en el que Boullosa yuxtapone dos tiempos, el siglo XVI, sin abandonar la visión del “otro”, que en el caso de Duerme comienza con una mezcla de tiempos en la voz de Claire y termina con el sueño de Ocejo. ¿Por qué volver de esta manera al siglo XVI? ¿cómo dialoga Duerme con ese siglo y su problemática? Estas preguntas que involucran tanto el contexto de la obra, es decir las ideas, los contextos, lo indígena y las voces de los otros, tienen su respuesta en la forma en la que se relacionan los personajes. Margarita López en su tesis Las voces subversivas en la novelística de Carmen Boullosa, define la estrategia de Boullosa como un entramado, una serie de capas que dan forma a la novela:

 

De manera que los diferentes relatos que la autora presenta, sean éstos sobre la disolución del núcleo familiar, la transición de la infancia a la adolescencia, un mundo utópico que prescinde de las mujeres, México antes de la destrucción del Imperio Azteca, la situación política del México contemporáneo o sobre un mundo futuro con seres que se proponen prescindir del lenguaje, se plasman todos formando un tipo de palimpsesto de múltiples capas narrativas debajo de las cuales yacen, en esencia, problemas y preocupaciones profundos (2007, p.17).

 

Así en la novela, Boullosa regresa sobre su presente, sobre su contexto para reflexionar acerca de la formación de un mundo, su mundo (el del siglo XX) y el mexicano respecto a lo indígena a través de los ojos de una extranjera. Ese palimpsesto, en palabras de López y yuxtaposición en este trabajo, tiene una función textual dentro del discurso de Claire, en el contexto de la autora y el siglo XVI.

Los discursos del personaje se identifican con el cambio de ropa, pero también con una transmutación dada en la reescritura de una cultura que penetra en el personaje como el agua, elemento que representa lo prehispánico en la obra. El “otro” no se limita a la percepción femenina, también implica una visión distinta a la del conquistador. Si bien, en el relato de Hernando se da prioridad a la voz de quien perdió todo, en el de Claire se asume una postura relacionada directamente con la figura del “otro”, que de algún modo está emparentado con el conquistador; Claire no es española, pero sí europea, representa una alternativa a las ya conocidas figuras del conquistador e indígena. Es a través de esta relación que se distingue de los españoles, pues se da un giro en la voz de lo que puede considerarse el “otro” europeo mediante la postura de una extranjera que reconoce al indígena como igual. Todorov nos hace pensar en la mirada del conquistador que no reconoce lo indígena:

 

Volvamos a leer las frases admirativas de Cortés. Una cosa impresiona en ellas: con pocas excepciones, siempre se refiere a objetos: la arquitectura de las casas, las mercancías, las telas, las joyas. Cortes cae en éxtasis frente a las producciones aztecas, pero no reconoce a sus autores como individualidades humanas que se pueden colocar en el mismo plano que él (2008, p.139).

 

La estrategia de la voz de Claire en la novela se desarrolla en varias capas, pues mientras existe la posibilidad de dar un giro a los textos de la época para hacerlos hablar desde el contexto, en su voz la estrategia resulta más elaborada, es una prostituta que ha deseado ser varón desde pequeña y qué por efecto de las aguas de los lagos, un efecto mágico, queda suspendida entre las diferentes facetas que asume a lo largo de la novela. Ella se asume como francesa, española e indígena; la yuxtaposición de voces es patente y ha sido estudiada ya de antemano, pero importa destacar que su voz no puede cambiar sin la participación de los otros. Es necesaria la yuxtaposición a partir de la integración de perspectivas sociales y culturales para que se dé el cambio en la voz de Claire. En otras palabras, es esa yuxtaposición cultural y temporal la que brinda un soporte tanto de contenido como de forma a la novela.

 

¿Amar al otro?

En el apartado titulado, paradójicamente, “amar” de su libro La Conquista de América, Todorov habla de varios acontecimientos posteriores a la conquista, tratando de explicar y comprender el punto de vista de los españoles durante la colonización. Habla de vejaciones inhumanas que recopila de fuentes de la época, cuestionando la naturaleza de los actos y, sobre todo, la falta de reconocimiento humano entre las razas. Hay violencia de acto y de palabra en las citas que explica Todorov, pero también una falta esencial de percepción del indígena como similar e incluso, como humano. En ese dilema está fincada la postura de la protagonista de Duerme, basada en la necesidad de explicar desde la parte del colonizador el encuentro con el “otro”; el aspecto que privilegia la novela, es precisamente, la actitud de Claire frente a ese “otro”. No obstante, llama la atención que sea la transfusión de agua a partir del imaginario indígena, lo que la coloca en ese punto de contraste. Para hacer frente a lo indígena, Claire deja de ser ella misma y se convierte en el Conde Urquiza y luego en “india”. En otras palabras, es necesario un “ritual” que involucra lo mágico para que pueda situarse en el lugar del “otro” y experimentar las situaciones que solo podría si fuese otra persona, de otra raza o género.

Desde el inicio de la novela, cuando la protagonista aparece vestida de hombre y su posterior satisfacción al saberse noble y varón, se nos indican que deseaba experimentar una forma de vida distinta, desde otra perspectiva. Ese deseo es el detonante para que ocurra el cambio de perspectiva, pero no deja de ser solo el detonante que necesita de la intervención de un segundo. Ese pequeño momento en que Claire satisface momentáneamente sus deseos de riqueza es el instante en que como Conde, asume la postura de poder. A partir de la suplantación y hasta el momento de la horca asimila el papel del conquistador y actúa como tal. La mezcla y posterior apropiación de la voz del Conde se repite luego, cuando Claire viste de india, lo que ha llevado a varios críticos a considerar que la ropa es la que dota de identidad al personaje y gracias a ésta puede ponerse en los zapatos del “otro”; no obstante, tal identificación va más allá de la ropa y el “performance”. [i] ¿Qué implica asumir el rol de español o india? Significa situarse en puntos extremos, es decir, identificarse con el “otro”. Así, desde su punto de vista, la obra presenta dos visiones encontradas. Se detiene sobre condiciones raciales del siglo XVI y acentúa el nuevo lugar de los indígenas desde espacios públicos y privados. No es sólo la ropa la que hace a Claire ser diferente, sino la suma de tiempo y espacio; es decir, de las condiciones que se apropia, pues el vestido es sólo la punta del “iceberg.” Y en este encuentro con el “otro”, surgen en un mismo cuerpo diferentes turnos para dejar hablar a los “otros” y tomar la voz.

Así la ropa y cargo que suplanta, la transfusión a la que la somete la mujer de manos tibias y, la promesa desde la cual resistirá la muerte, la amparan en ese repentino cambio de circunstancias. El primer elemento que lleva al lector “al lado indígena” es la mujer que conoce su secreto y le brinda la posibilidad de sobrevivir a través de su mundo; es decir, de su visión de mundo y así Claire queda atada al pasado prehispánico sosteniendo una mezcla en su persona de lo que fue y será:

 

En la herida abierta deja caer agua del cántaro…con sus dedos abre la herida, jalando cada uno de sus bordes a extremos opuestos, vuelca agua en ella…el agua sigue cayendo del cántaro, pero no cae sobre mi piel, es absorbida por la herida (Boullosa, 1994, p. 20).

           

En este sacrificio Claire da y recibe, es a la vez el tributo y el beneficiario. Luego de la primera transfusión y de que el Conde es llevado a la celda, la mujer vuelve con más agua para vaciarla de nuevo en su cuerpo, le indica el origen de las aguas y con ello plantea el punto de diferencia entre el español y conquistado: “Éstas son aguas purísimas, no tocadas por las costumbres de los españoles, ni por sus caballos, ni por su basura. Usted que no eres hombre ni mujer, que no eres nahua ni español ni mestizo…no mereces la muerte” (Boullosa Duerme 28). Con esta aclaración llama a Claire “Xeluihqui”: “cosa partida”. Nombre que ha sido interpretado al hacer alusión al sexo femenino, pero que desde el discurso de la narradora y de los otros personajes es herida del cuerpo y un signo de ruptura en la vida y costumbres de los indígenas novohispanos, así como el vínculo del que nace esta cultura. Lo novohispano nace de una herida abierta que no puede cerrar y que es reflejo también del contexto de la novela, del mexicano contemporáneo.

“Xeluihqui” hace referencia a la ruptura y encuentro con el “otro”, pues a partir de ese momento ella será francesa con ropa de india, permanecerá entre las dos culturas vislumbrando las costumbres y voces de los indígenas. Así ocurre cuando sale del Palacio del Virrey para ir a cumplir su condena y reflexiona sobre la tarea que realizan los indígenas:

 

Un ejército de hormigas indias levanta el Templo Metropolitano. Pasando el canal del Palacio, está el Templo Mayor de los aztecas. El día anterior, yo me paré entre los dos templos, estuve entre el ir y venir de los acarreadores de piedras, que las quitan de lo que queda del Templo azteca y las llevan para levantar el metropolitano. Una piedra tras otra, destruyendo para construir el de la cristiandad. De música de fondo, la voz de los curas leyéndoles en latín, mientras ellos van y vienen, esforzados (Boullosa, 1994, p. 32).

 

La referencia a la transformación de la ciudad implica la pérdida del espacio indígena, la idealización del pasado prehispánico y la apropiación española:

 

Las aguas de los lagos me han salvado. Creo oír dentro de mí sus tímidos oleajes…Veo en mis ojos cerrados la ciudad antigua…con asombro, porque en nada se parece a ninguna ciudad que haya visto en ninguna tierra (Boullosa, 1994, pp. 33-34).

 

A partir de este momento comienza un matiz en la voz de la protagonista y se hace evidente un cambio de perspectiva en el discurso. El efecto está en las aguas que la indígena vierte en su cuerpo, aunque aún bajo los efectos de la droga su vergüenza está en ser mujer: “Sí, soy mujer, ya lo viste. Yo me siento humillada así expuesta” (Boullosa, 1994, p. 19) por lo que la empatía generada con los indígenas se da en doble medida en la humillación de la exposición, por ser mujer y en la filtración del agua que la ata a la ciudad.

Vuelta mujer otra vez, sin sus ropas de noble varón español, Claire regresa a la casa de Urquiza, no como Urquiza, sino vestida de indígena, una sirvienta. Comienza una nueva etapa en su relato en la que se identificará con el indígena y con ello cambia su percepción temporal, avanza y retrocede entre las visiones europeas e indígena. Con ello el tiempo y espacio están delimitados por las experiencias que como uno y otro vive. No se trata solo del cuerpo y de la organización del relato a partir de su voz, sino de una estructura de palimpsesto en la que el cuerpo, a través de la ropa, asume un nuevo rol sin perder su esencia, se da una yuxtaposición de “otros” en uno. Cada gesto de la protagonista se manifiesta desde lo polifónico, desde la yuxtaposición del indígena, francés y español en su voz y de la consecuente heteroglosia, concepto de Bajtín, el cual remite a la multiplicidad de voces que pueden encontrarse en una lengua, así como las identidades que toman lugar en las voces distintas de Claire, creando discursos de otredad y unidad.  

 

Las tres voces

Luego del ritual funerario, el cruce entre los discursos se vuelve más estrecho, se agudiza después del simbólico renacer como indígena. Lo que sigue en la narración es un continuo temporal, que imita a la polifonía entre estos dos discursos:

 

Caminamos hacia afuera de México, a donde termina en un lago, que en otros lados termina en tierra firme, hasta que llegamos a donde ellos querían. Aunque parezca inverosímil artificio, me ocurren en el mismo lugar y momento tres diversos sucesos. Pero no es artificio, es la verdad (Boullosa, 1994, p. 51).

 

Sucede una visión, tres escenas en contraste, de tal modo que en el nivel cronológico suceden las tres a la par. El juego entre las acciones que ocurren al mismo tiempo, es decir que no son lineales, queda matizado en el relato por la linealidad de las palabras. Los tres acontecimientos ocurren luego de que el grupo llega a orillas del lago y se dirige a la casa de Urquiza. En el primer acontecimiento narrado, aunque como ella menciona no fue el primero, sino que el orden narrado es arbitrario, un emisario llega y le entrega algo a “la de las manos tibias”, luego todos se dirigen a casa del Conde y Claire duerme después de deambular por la casa. En el segundo, observan la extensión del lago y se entrecruzan las voces de Claire y Urquiza:

 

Sentimos los pasos de un caballo aproximándose. Sobre mi montura, viene un hombre vestido con mis ropas, y no se detiene hasta estar a nuestro lado…Lo miro con envidia, yo querría ser él. ¿Y no lo soy de algún modo? Lo que no soy es esta india con piel de francesa, mirándolo…-¿Y esta ojona?...La llevo conmigo…Entonces el Conde, con un gesto de sus fuertes manos, hace que me vuelva hacia él sobre el caballo. Me levanta el huipil, lo quita de mi torso, quiero zafarme, los criados me sujetan de las piernas y las manos…Abre sus calzas, me levanta las enaguas, y me posee, sujeta de los pies por sus criados, sobre mi caballo (Boullosa, 1994, pp.  53-54).

 

La violación tiene un doble significado, cuerpo e identidad se violentan en un acto que significa humillación por doble partida, ya que es un sometimiento corporal y cultural. En la violación relatada por Claire hay más que una necesidad de poder, está implícita cierta crueldad normalizada. En esta superioridad sobre el “otro” hay una violencia extrema, habitual.

En el cruce de las voces de Claire y Urquiza prevalece lo relacionado con el indígena “¡que la herida estuviera abierta, y lo mordiera, y me vengara!” (Boullosa, 1994, p.53). En este fragmento puede verse la mezcla de las tres voces que conviven en la novela: la mujer que desea poder y libertad, la del conquistador y la del subyugado; lo más importante es que en el caso de lo indígena, la voz adquiere dos matices manifestados por la herida: la magia y la vejación. Aspectos trabajados a profundidad en la novela desde el diálogo entablado entre Claire, Inés y Cosme. Así define Bajtín lo dialógico: “no se estructura como la totalidad de una conciencia que objetivamente abarque las otras, sino como la total interacción de varias, sin que entre ellas llegue a ser el objeto de la otra” (Bajtín, 2005, p.32). En este episodio se aprecian las diferencias en las voces de los personajes y la conciencia de Claire que prevalece en la sucesión de acontecimientos y encuentros que la hacen vestirse e identificarse como “india”.

Desde este acontecimiento, que sucede simultáneamente a los otros, prevalece una voz que imita al mestizaje, que cruza lo europeo y lo indígena. Claire transita entre Urquiza y los criados; da pie al encuentro de lo extranjero y lo indígena y, además, suma el elemento femenino. La violación desde cualquier ángulo significa violencia, pero hay dos puntos a considerar en la narración: lo cultural y el reconocimiento del “otro” como igual, es decir, la empatía por el indígena violentado desde su condición de mujer. La indígena es doblemente forzada.

Claire no es para Urquiza alguien con nombre, sino un ser anónimo, incluso, su belleza la predispone a ser objeto. Vista como una mujer bella con ropa de india, quien no tiene una identidad propia, como cuando “la de las manos tibias”, le explica que fue ella quién lo suplantó en la horca. Claire se integra a la colectividad indígena, una vez que pierde la ropa de varón y, por tanto, pierde también la individualidad, misma que suscitó su aventura en la horca. Claire, más tarde, recuperará su nombre y de nuevo pasará a estar del lado de los extranjeros, pero no perderá nunca el vínculo con los indígenas.

El tercer acontecimiento narrado es el movimiento del lago bajo las órdenes de Cosme: “empieza a hacer gestos con las manos… el agua de la laguna, tan retirada de nosotros, al oír su llamado empezó a acercarse, más, más, más, más, hasta que levantó a las barcazas y llegó a nuestros pies.” (Boullosa, 1994, p.55). Este es el suceso más emblemático de los tres, pues supone de nuevo la incursión en lo maravilloso, lo mismo que las aguas milagrosas en las venas de Claire. Es el segundo episodio de la novela en el que el indígena está directamente relacionado con el agua, como si existiera un vínculo inexplicable para Claire entre ellos y ese elemento, relación manifiesta en el agua de los lagos, cimiento de la Ciudad de México. El agua significa también la relación con el pasado prehispánico, de ahí que la conexión entre Cosme y el lago sea tan significativa, pues evoca ese vínculo y otra manera de concebir el mundo, en el que ese acto es no solo posible, sino que forma parte del pasado prehispánico.

Bajo esta unión del pasado y de lo maravilloso, ese presente, es decir el siglo XVI, contrasta por la crueldad del nuevo orden y por la desazón que acompaña a la pérdida del pasado, así se crean los ejes sobre los cuales la autora entreteje el argumento de la novela. La experiencia del “otro” posibilita ese cruce y acentúa el vínculo entre los personajes. En el relato de Claire existe una posición de igualdad, incluso de extrañamiento frente a lo indígena:

 

Pasa un carro jalado con seis mulas, con gente de propiedad. Para indicar a los indios que han de hacerse a un lado, azotan su látigo de un lado a otro…sin cuidarse de golpearnos como a reses…Consigo esquivar un latigazo, tropiezo por hacerlo con otra india, una mujer ya vieja, que camina con dificultad, y a la que detengo para que no caiga por mi peso. La mantilla de sus hombros se cae. Miro en su brazo marcado un nombre ardiendo. Como reses (Boullosa, 1994, p. 56).

 

Claire viste, camina con ellos y aprecia la ciudad desde sus ojos. El mundo indígena, el mundo de los criados porque todos lo son, conforme se presenta en la novela está impregnado de misticismo, de ritualidad, entre ellos el tiempo y el espacio se perciben de manera distinta: una vieja puede salvar de la ahorca y un hombre puede llamar al agua del lago. La ciudad de los indígenas es también la ciudad limítrofe: viven en las mansiones, pero están destinados a trabajar como esclavos en ellas y los que viven en casa propia son relegados a los arrabales:

 

La ciudad misma donde estoy estancada se divide en dos: los magníficos palacios de los españoles, ordenados, alineados a los dos lados de las amplias calzadas, y las casuchas en desorden de los indios escondidas tras ellos... Pero cuando ellos no habían llegado a arruinarnos, nuestras calles estaban trazadas en orden perfecto. Las vi en la horca (Boullosa, 1994, p.58).

 

Ese “nosotros” en el que se incluye Claire, como en el “soy masculino” de Urquiza se aprecia la yuxtaposición, la polifonía formada de la unión Claire-indígena, si ella no viera a su semejante marcado, si no vive la distribución de la ciudad con los ojos del marginado no podría crear su discurso en función de esa experiencia. Quizá, sea el vestido lo que da un efecto de inclusión, pero bajo del vestido sigue el mismo cuerpo, la misma piel de francesa llena de las aguas de los lagos y es esta hibridez donde descubre una nueva voz en el mestizaje, una voz distinta que se reconoce en ciertos aspectos espaciales y culturales, pero que a la vez se sabe ajena al conflicto encarnizado de lo indio y lo español, como vemos en la siguiente cita:

 

Si acaso mi atuendo de india es verosímil, lo es por un solo motivo, por el tres. Ven mi porte de blanca, mi cuerpo de blanca, mi ropa de india, y dicen “es mestiza”…para ellos [los españoles] tres es dos, no les cabe duda. Por este error, yo digo “nuestras calles”, digo “nosotros”, atrapada en un tres que no debiera existir. El mundo debe dividirse en dos (Boullosa, 1994, p.58).

 

La voz de Claire es la conciencia del “otro” desde su pluralidad, por ello condena la conducta de los españoles desde la ropa de india que porta y desde el cuerpo de francesa que la define y la distingue. Dicha hibridez asumida, hace hincapié en la distinción entre lo español y lo “otro”, es decir, el mundo no se divide en dos, sino en tres o más; se privilegia una perspectiva que se amplia y sale de la dualidad, porque son varias las formas de ser y percibir la identidad que se vuelve un caleidoscopio. No obstante, no por estar son entendidas, el español condena al indio y ellos a su vez al mestizo, lo que se vuelve una serie infinita de desconocimiento. Ahí donde solo debería estar el yo frente al tú, hay una multitud de grupos y creencias.

En esta ambigüedad que distingue el discurso de Claire también existe una contradicción que intenta neutralizar lo racial, pero al final se regodea en ello; por ejemplo, cuando describe la ciudad de los palacios españoles y recuerda la ciudad prehispánica del orden idílico. Entonces ¿solo en la ficción hay oportunidad de conciliar estas diferencias o es a través de la idealización del pasado? A partir de la heteroglosia y polifonía puede entenderse que ambas son posibles y están presentes en la novela, porque en la pluralidad de voces y perspectivas hay una idealización del pasado presente en los recuerdos de los indígenas, pero que no dejan de ser una perspectiva de, una mirada del otro; finalmente puede concluirse que en esa composición se logra un contraste con la inclusión de varias perspectivas, de tal manera que no existe un discurso, sino varios.

Al principio del capítulo III de la novela se incluye el siguiente epígrafe: “Alfaro: ¿a quiénes llamas mestizos? Suazo: A los hispano-indios. Alfaro: explícate más claro. Suazo: a los huérfanos, nacidos de padre español y madre india” (Boullosa, Duerme 49). En el diálogo de Cervantes de Salazar, Boullosa enfatiza la orfandad del mestizo, significa una apertura a la posición de la hibridez que representa Claire. En el siglo XVI, en el contexto de la Nueva España, no hay cabida todavía para el concepto de mestizaje, de ahí que esa idea de dualidad esté relacionada con lo indígena frente a lo español, lo cual repercute en la visión de Claire y por ende en la visión de la novela, aunque desde el siglo XX el concepto de mestizaje sea común, en realidad en esa época lo que se dieron fueron nuevas clasificaciones de razas, de ahí las castas, para designar con ellas clasificaciones sociales, pero también para dotar de identidad. En otras palabras, en la novela se hacen manifiestas solo unas voces de la polifonía del siglo XVI, lo que reafirma la variedad de composiciones que se pueden lograr.

 

El sueño y la ficción

En la última parte de la novela, Claire entra al servicio del Virrey gracias a la intervención de Pedro de Ocejo, un escritor amigo de Urquiza, quien intercede por ella durante un duelo. Gracias a lo cual abandona la representación de lo indígena para ejecutar otro papel, el de Clara Flor; vemos que con el nombre ocurre lo mismo que con el vestido y vuelve a ser francesa con nombre español. Ahora Clara Flor hace frente a lo indígena de una manera distinta por medio de la palabra de Ocejo:

 

A Cosme lo tomó preso el Santo Oficio hace cinco días. Tal vez alguien además de ti lo vio hacer imposibles…Aunque no lo creo, que para ofender a esos señores no es necesario mover aguas…¡Pobre Cosme! Como es indio y católico debió creer que ellos eran venidos de Dios, o no sé qué paso que después de la primera tortura, cuando amenazaron volver a atormentarlo, Cosme murió, no se sabe de qué…Aunque hay quien dice y me temo que con razón, que amenazado de volver a ser torturado si no confesaba…Cosme se había ahorcado para escapar de la tortura (Boullosa, 1994, p.89).

 

El discurso de Ocejo sobre lo indígena es muy diferente al de Claire cuando viste de india, él ve al indígena desde una perspectiva carente de empatía. Ocejo no es espectador, forma parte de un orden social, por ende, también nutre la multiplicidad de voces que componen la voz de la protagonista. Es entonces con el acercamiento a Ocejo que su voz se torna distante y si bien recuerda la visión que tuvo en la horca y a “la de las manos tibias”, ya no representa el mundo indígena: “¡Ay! Yo querría aprender a bordar así, y crear con mis hilos un trozo de mundo…pero para bordar esa tela necesitaría conocer los secretos de las indias. No estoy dispuesta a aprenderlos” (Boullosa, 1994, p.90).

En este punto se introduce una nueva estrategia para vincular a Claire con el mundo prehispánico: los sueños. Con esta estrategia narrativa la protagonista vuelve a una brújula que apunta a dos discursos a la vez, en los sueños de Ocejo es una noble heroína y una bella durmiente mientras que de día es un hombre bajo la orden del Virrey. Desde la perspectiva de Claire este mundo guarda secretos que no pueden ser del todo revelados, el arresto de Cosme debido a su prodigio es muestra de ello. Esa identificación, aunque no del todo completa, facilita las transiciones del discurso y la visualización de un nuevo contraste de voces al incluir en la red la perspectiva de Ocejo y la del sirviente del Virrey.

Claire sueña que sale del valle de México para enfrentar un monstruo que ataca sin importar la raza de la víctima, en su sueño cae dormida luego de que se aleja cierta distancia de la ciudad, pero puede ver y sentir la batalla de sus hombres contra el monstruo que al tocarla cae muerto. Luego la llevan a Palacio y mientras más se acerca al valle comienza a recuperarse del sueño:

 

No hay monstruos, pero si alguno hubiera serían los españoles, esquilmando esta tierra de indios. Ante ése mi cuerpo no sería arma, ni siquiera defensa. No porque esté crucificada en mi aspecto de mujer, sino porque estoy atada al Valle, soy su esclava, bien lo dice el sueño, lo he probado en la vigilia. Si dejo seis leguas México, me falta el aire, desespero como pez fuera del agua, me gana un sueño irresistible (Boullosa 1994, p. 95).

 

Claire por sus heridas queda postrada en la cama hasta que un día el Virrey en persona la visita para entregarle un mensaje: “apoya el saco en mi cama, como única respuesta, suelta el lazo de la jareta y lo voltea, vaciando su contenido sobre las mantas y diciendo: -Piden la tuya a cambio” (Boullosa, 1994, p.109). La cabeza pertenece al líder Yuguey. Clara se adelanta a los acontecimientos y huye del Palacio. Ocejo la protege hasta el final y la lleva con él a Potosí donde un amigo le promete ayuda. [ii]  Al final del relato es Ocejo el narrador, quien por una amonestación del Santo Oficio ha dejado de ser escritor y se lamenta por no poder despertar a Claire de su sueño y decide escribir un final para ella en el que la busca y regresan a México:

 

Todos los españoles desaparecerán de estas tierras como si se los hubiera tragado la tierra. Sólo restarás tú y la viuda de Ocharte, la impresora, porque alguien deberá poner en libro los versos de Pedro de Ocejo. Yo seré el hombre más rico del orbe, y mis dominios sabrán que yo les he devuelto lo que es de ellos, que he tirado a los usurpadores, que he espantado a los zánganos de las tierras nuevas. Seremos la mejor nación, ejemplar entre todas (Boullosa, 1994, p.145).

                                                                                                                  

La Claire de Ocejo enarbola un ideal, un final heroico en el que ella cumple su sueño de ser varón y además rico, pero también un ideal vinculado con la colonización de la cual no desea formar parte. En este final Claire asume desde la pasividad y de nueva cuenta, la voz de Ocejo y enarbola un ideal posible solo en el sueño de la ficción. Con esta última estrategia termina la novela y se conforma con un último eslabón la polifonía: “la esencia de la polifonía consiste precisamente en que sus voces permanezcan independientes y como tales se combinen en una unidad de un orden superior en comparación con la homofonía” (Bajtín, 2005, p.38).

Heteroglosia y polifonía están presentes en la novela de Duerme a partir del conjunto de voces con que se arma el relato: la identificación de Claire con cada una de ellas reafirma los puntos de vista conocidos: el conquistador y el conquistado, así como los posibles eventos: los sueños de libertad de Ocejo, los recuerdos del pasado perdido de los indígenas y, por último, los imposibles, la creación de una nación justa. La novela se conforma y da forma con el discurso de los personajes que son filtrados por la protagonista, que con la estrategia del cambio de ropa se relaciona de manera directa con su voz. Boullosa en esta novela no solo crea la historia para una protagonista, sino que en la protagonista canaliza voces, ideas, pasado y presente de lo que puede ser los albores de la cultura mexicana.  

 

Bibliografía

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Notas

[i] Como plantean de manera similar Pirot-Quintero en “El cuerpo en la narrativa de Carmen Boullosa” o Vanessa Vilches Norat en "La herida siempre abierta en un cuerpo" o "Las políticas de la investidura en Duerme de Carmen Boullosa” la segunda es quien a través del “performance” establece la identidad a través del vestido.

[ii] El Potosí de acuerdo con Seydel se ubica en Sudamérica y no era posible que la distancia entre la ciudad de México y dicho lugar fuese como se narra en la novela. De hecho, toda la novela y el personaje de Claire son una confrontación con la realidad o “verdad” de la época.  

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