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Revista Digital de la Unidad Académica de Docencia Superior,
Universidad Autónoma de Zacatecas, ISSN: 2594-0449.

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La judea cora en Nayarit y la judea en San Andrés del Téul, Zacatecas. Apuntes para un rastreo histórico y simbólico por Erick Asaf Guevara Sánchez

Julio 2018, número 18.
Autor: Delia F. Reyna De la Garza. Título: Niye Tai, hija del fuego. Técnica: Cera sobre tela. Medidas: 50x70 cm. Año: 2016.

Guevara Sánchez, Erick Asaf. (2018). La judea cora en Nayarit y la judea en San Andrés del Téul, Zacatecas. Apuntes para un rastreo histórico y simbólico. Revista Digital FILHA. [en línea]. Julio. Número 18. Publicación bianual. Zacatecas: Universidad Autónoma de Zacatecas. Disponible en: www.filha.com.mx. ISSN: 2594-0449.  

Erik Asaf Guevara Sánchez, originario de Jiménez del Téul, Zacatecas, es estudiante del Doctorado en Estudios Culturales en El Colegio de la Frontera Norte (El Colef) en la ciudad de Tijuana, Baja California. Sus intereses de investigación navegan entre memoria, identidad, historia y prácticas religiosas. Contacto: asaf_atw@hotmail.com

LA JUDEA CORA EN NAYARIT Y LA JUDEA EN SAN ANDRÉS DEL TÉUL, ZACATECAS. APUNTES PARA UN RASTREO HISTÓRICO Y SIMBÓLICO

 

Resumen: La Judea de Semana Santa en Jiménez del Téul es una de las celebraciones religiosas colectivas más arraigadas en este municipio zacatecano, sin embargo, son pocos los estudios sobre sus orígenes y su simbolismo, a pesar que constituye uno de los elementos de identidad más fuertes para los originarios del lugar. Este trabajo se propone rastrear los orígenes de la celebración de La Judea, a fin de establecer posibles vínculos con otros grupos donde se practica, así como dilucidar el entramado simbólico que se recrea con su práctica, con el objetivo de abonar a la recomposición histórica de la comunidad y la región.

Palabras clave: Coras, Zacatecas, Judea, Identidad, Simbolismo.

 

Abstract: La Judea in the holy week in Jimenez del Teul is one of the most deeply rooted religious collective celebrations in this municipality in the state of Zacatecas, Mexico. However, there are few studies on its origins and its symbolism, although it constitutes one of the strongest elements of identity for the people of this place. This work intends to trace the origins of the celebration of La Judea, in order to establish possible links with other groups where it is practiced, as well as to elucidate the symbolic framework that is recreated with its practice, with the objective of add to the history of the community and the region. 

Keywords: Coras, Zacatecas, Judea, Identity, Symbolism.

 

Introducción

La Judea de Semana Santa es la recreación teatral de la pasión de Cristo, se efectúa año tras año durante la semana mayor en el municipio zacatecano de Jiménez del Téul. Ésta es una de las celebraciones religiosas colectivas más importantes y arraigadas de la comunidad, en ella participan la mayoría de los habitantes, ya sea en la organización, en su ejecución o como espectadores. A pesar de la importancia que tiene la celebración en el calendario ritual anual, no existen investigaciones que ahonden en la explicación de su entramado simbólico, o bien que establezcan conexiones con el pasado indígena de la comunidad, por ser una de las pocas expresiones que transportan a los espectadores y a los ejecutantes a los inicios de la vida católica en la región.

Este documento se propone analizar los vínculos que guarda la celebración de La Judea de Jiménez del Téul con celebraciones similares de pueblos indígenas cercanos, particularmente con el pueblo Cora que habita en la región conocida como El Gran Nayar, para ofrecer un sucinto análisis sobre posibles relaciones simbólicas enlazadas en la ejecución y recreación teatral de la pasión de Cristo a través de La Judea para dilucidar si existen conexiones con los actuales habitantes de la comunidad y un pasado indígena aparentemente desaparecido, pero que se conserva en otros puntos geográficos y zonas culturales compartidas.

En la primera parte del artículo se ubicará a Jiménez del Téul en una región cultural de tradición indígena, para posteriormente vincular la práctica de La Judea en esta comunidad con otros pueblos de la mencionada región y a partir de ahí realizar un análisis comparativo de las prácticas, los cargos y parte del simbolismo presente en la celebración de La Judea de semana Santa en Jiménez del Téul y el pueblo Cora particularmente, en espera de que otros conocedores del tema puedan aportar más datos que enriquezcan el análisis y la narración histórica de esta región zacatecana.

 

San Andrés del Téul

Jiménez del Téul, cuya cabecera se llama San Andrés del Téul, es un municipio que se localiza al oeste del estado de Zacatecas, colinda al este con Sombrerete, al norte con Chalchihuites, al sur con Valparaíso, estos tres también municipios zacatecanos; el oeste y suroeste colinda con Súchil y Mezquital, ambas municipalidades de Durango (Sedesol, 2014). Para llegar a la cabecera municipal, desde la capital del Estado, se hace un recorrido de más de tres horas por carretera, a través de un aproximado de 300 kilómetros que atraviesan los municipios de Morelos, Calera, Fresnillo, Sain Alto, Sombrerete y finalmente Chalchihuites, lo que coloca a ésta como una de las localidades más apartadas respecto a la capital zacatecana.

Según el último censo (Inegi, 2010), la población total de Jiménez del Téul es de 4, 584 habitantes que se distribuyen principalmente en seis comunidades: Atotonilco, Carretas, Potrero de Abajo, Sauces de Abajo, Sauces de Arriba y Jiménez del Téul -o San Andrés del Téul-, y es ésta última donde se concentra la mayor parte de la población, que alberga a un total de 1, 662 personas. Un dato importante es que según el Inegi (2010) no existe población indígena o hablantes de alguna lengua indígena.

Respecto a las prácticas religiosas, Zacatecas es un estado donde se profesa mayormente la religión católica. Según datos del Inegi (2010), el 94% de la población pertenece a esta iglesia. En el caso de Jiménez del Téul la situación no es distinta, también en la cabecera municipal y sus comunidades más importantes la mayoría de los habitantes se reconocen como católicos. La parroquia de San Andrés, localizada en la cabecera municipal, es la encargada de ofrecer los servicios religiosos para los católicos en las distintas capillas que componen la comunidad parroquial, mismas que comprenden localidades tanto de Jiménez del Téul como de Chalchihuites.

 

Figura 1. Ubicación de Jiménez del Téul, Zacatecas.

Jiménez del Téul se encuentra marcado con el número 021. Fuente: Inegi. Marco geoestadístico municipal.

 

Esta parroquia pertenece a la Diócesis de Durango, por lo que su agrupación es distinta a la división política del territorio. Según cuenta el sacerdote de la parroquia y con base en los datos de la notaría parroquial (Esparza, comunicación personal, 2017), los miembros de la comunidad eclesiástica que atiende son aproximadamente 4,500 feligreses, cifra similar a la población total del municipio (Inegi, 2010), aunque la parroquia se compone por las siguientes comunidades de Chalchihuites: El Durazno, San Juan, La Soledad del Sur, La Purísima, Ojo de Agua, El Manto, Quebradilla, La Magdalena, La Laguna de las Tortugas, Chupaderos y La Florida, mientras que pertenecen a Jiménez del Téul las comunidades de Buenaventura, Sauces de Arriba, Sauces de Abajo, Atotonilco, El Carrizo, Las Bocas, Carretas, San Andrés, Marocha, La Mota, El Obispo, Los Bancos, El Mezquite Blanco, Barranquilla, La Palma, El Laurel, Nogacha, Palos Colorados, San Antonio, La Mesa de Tepetatita y La Bonanza, es decir, la mayoría de estas comunidades se asientan al este del territorio, hacia la frontera política con el estado de Durango.

Con las cifras ofrecidas por el sacerdote de la parroquia local se puede corroborar que, al igual que sucede a escala estatal, la mayoría de los habitantes de Jiménez del Téul están adheridos a la religión católica, sin embargo, existen también grupos de evangélicos y testigos de Jehová que surgieron a finales del siglo pasado y comienzos de éste, pero la predominancia del catolicismo hace que, al igual que con municipios vecinos y en México en general,  en el transcurso de la rutina diaria sobresalgan eventos marcados en el calendario católico que realzan picos en las actividades familiares y colectivas, ya sea la celebración de un acontecimiento especial ligado a la formación religiosa, una fiesta patronal en un barrio, la organización de una reliquia para el santo o santa protector de la familia o bien un evento de mayor envergadura, como la celebración de la Navidad o la Semana Santa.

Ya se observó la ubicación de Jiménez del Téul desde dos perspectivas, la primera obedece a límites políticos, donde el municipio se adscribe al estado de Zacatecas, y la segunda, con propósitos religiosos, que circunscriben a la parroquia con sus comunidades a la jurisdicción de la diócesis del estado de Durango. Estas dos ubicaciones responden a cuestiones históricas, para el caso de las fronteras políticas, y a cuestiones además más prácticas para el caso del asunto religioso, porque, a diferencia de las tres horas y media que hay de camino para llegar a la capital zacatecana, la capital de Durango se encuentra a menos de dos horas por carretera, lo que representa una ventaja para la distribución de los recursos y actividades religiosas.

Una tercera ubicación que quisiera proponer tiene que ver con una región cultural con importante presencia de grupos indígenas. Primero se distingue la región conocida como zona Huicot, que comprende parte de los estados de Jalisco y Durango, principalmente, aunque también una parte de Nayarit, en esta zona se asientan grupos de Huicholes, Coras y Tepehuanos, de ahí su nombre: Huicot [i], que se usa para referirse a la región de la sierra madre occidental de México, en la que habitan dichos grupos indígenas, junto con mestizos e indígenas tepecanos y mexicaneros. Enseguida se identifica también la zona conocida como El Gran Nayar, que comprende parte de los estados de Nayarit, Jalisco, Zacatecas y Durango (CDI, 2017). Como se puede apreciar en la figura 2, la región de El Gran Nayar alcanza los límites políticos entre Durango y Zacatecas. Sin embargo, desde una perspectiva cultural, los límites de El Gran Nayar no tienen una frontera asentada sobre un punto geográfico determinado, y su influencia, así como las prácticas que ahí se generan, no obedecen a límites territoriales políticos.

 

Figura 2. El Gran Nayar.

El mapa resalta la región en color verde. Fuente: CDI (2017).

 

Si bien el territorio de Jiménez del Téul no es considerado como parte de El Gran Nayar o de la zona Huicot, bien podría ubicarse en los límites de la frontera de esta región, en los territorios donde se generan los espacios intersticiales, que son una zona que permite el intercambio de conocimientos relacionados a los modos de vida, a las formas de concebir el mundo, a los quehaceres cotidianos o a expresiones religiosas prehispánicas, por ejemplo. Desde los estudios culturales se piensa a la frontera más allá de su carácter geográfico o geopolítico (Belausteguigoitia, 2009). Esta idea hace pensar que, si bien actualmente no existe una relación aparente y evidente entre el pueblo de Jiménez del Téul y los pueblos indígenas de El Gran Nayar, si revisamos nuevamente la ubicación geográfica se podrá apreciar la relativa cercanía de San Andrés no sólo con Durango, sino también con Nayarit y Jalisco, de hecho, en algún tiempo el poblado perteneció a la jefatura de Colotlán, Jalisco (Guevara, 2005) y aunque fueron los tlaxcaltecas quienes fundaron la localidad y poblaron la región, eso no significa que no existiera contacto e intercambio con pueblos vecinos.

A partir de las ideas presentadas anteriormente, se tratará de establecer una relación geográfica, cultural e histórica entre San Andrés del Téul y el pueblo Cora, cuyo vínculo más palpable, además de la relativa cercanía geográfica, es la celebración de las Judeas durante la Semana Santa, ambas representaciones teatrales de la pasión de Cristo que comparten numerosos elementos y que, a través de la lectura del simbolismo de la Judea Cora, es posible proporcionar explicaciones para entender la Judea en San Andrés del Téul.

 

La Judea en San Andrés

Durante el ciclo litúrgico anual hay numerosas celebraciones religiosas que representan un cambio en la rutina de los habitantes de la comunidad. Al igual que en cualquier parroquia católica de la región, existen días especiales para festejar a santos y vírgenes de la iglesia, sin embargo, también hay solemnidades que son muy peculiares en la parroquia de San Andrés. El Padre Claudio Esparza Alcalde cuenta en entrevista que cuando llegó a la comunidad, en julio de 2014, notó las peculiaridades de la comunidad y empezó a presenciar y a participar en conmemoraciones que no había visto en los otros lugares donde había prestado sus servicios pastorales:

 

Se puede encontrar lo mismo que en otros lugares, como las cruzadas de oración para fomentar la unión familiar, pero me gusta que la gente adorna con pasacalles sus comunidades en las fiestas patronales, tienen danzas todo el día, además la gente aprovecha la fiesta para bautizar a sus hijos y a veces para hacer sus primeras comuniones, aunque eso generalmente lo dejamos para el día 30 (de noviembre), la fiesta de San Andrés. Otra cosa que veo es que caracterizan a los niños como santos y hacen una procesión en noviembre. Aquí (en Jiménez del Téul) se hace una procesión con el Santo Niño desde San Andrés hasta la comunidad de El Manto, es pequeña, pero es una tradición muy conocida. Otra cosa que me gusta es el Día de Muertos, porque se reúne la gente de todas las comunidades en el panteón, ese día está lleno de vida, las tumbas arregladas, llenas de flores, con gente que visita a sus familiares fallecidos, eso sucede porque las comunidades no tienen su propio panteón y tienen que venir hasta la cabecera para enterrar a sus difuntos (Esparza, comunicación personal, 2017).

 

Además de las celebraciones mencionadas, el Padre Claudio menciona también que hay festividades que son muy propias de la localidad, tales como la procesión del Santo Niño a El Manto, la peregrinación del Santo Niño a Plateros, la fiesta de El Santo Niño de los Jacalitos o la Judea de Semana Santa, ésta última reconocida también porque no existe una celebración igual, al menos en los municipios pertenecientes al territorio zacatecano. La Judea es la celebración de carácter religioso más peculiar que tiene Jiménez del Téul. Ésta es una representación de la Pasión de Cristo que se realiza anualmente durante la Semana Santa y no se conoce una festividad igual en el estado de Zacatecas, aunque sí hay unas similares en Huejuquilla, Jalisco, y en los pueblos Coras de Nayarit, que geográficamente se encuentran cerca de Jiménez del Téul, como  ya se apuntó.

Los orígenes de La Judea se remontan al momento de la evangelización de este territorio. Según Guevara (2005) la fundación de San Andrés del Téul, nombre de la cabecera municipal, se efectuó en el año de 1591, aunque ya existían pobladores de origen tlaxcalteca en las inmediaciones y, anteriormente, en el año 1567 se había fundado el convento de San Francisco en la ciudad de Sombrerete, Zacatecas, localizado al norte de la población, por lo que se cree que fue esta orden la encargada de la evangelización de los lugareños de San Andrés. En el proceso de evangelización en esta comunidad no se crearon grandes obras arquitectónicas y tampoco existe un legado pictórico o literario que dé cuenta de las enseñanzas de la religión católica de los franciscanos a los antiguos pobladores, sin embargo, La Judea es un testimonio de la conquista espiritual a través del teatro; la orden religiosa enseñaba los pasajes litúrgicos a los habitantes y éstos los interpretaron en un coloquio (Burciaga, 2010) donde recrearon quizá varios pasajes, del cual La Judea permanece aún con elementos propios de la población indígena.

Un par de semanas antes del Domingo de Ramos se escucha en el pueblo de San Andrés del Téul el retumbar de una tambora, acompañada por un lamento que surge de un cuerno de vaca que alguno de los organizadores hace sonar. Burciaga (2010) menciona que el sonido de “la vaca”, es decir el cuerno que se hace sonar, recuerda al shofar, una trompeta judía hecha de cuernos que se hace tocar en el Sabbath, ya que sus sonidos son similares, aunque los sonidos de la vaca recuerdan más bien un lamento y, junto con la tambora, forman parte del “paisaje sonoro” (Schafer, 1969) de los días Santos en San Andrés del Téul. Estos sonidos son las señales para que los hombres que deseen participar en La Judea comiencen a preparar sus atuendos, mismos que consisten en calzón y camisa de manta, servilletas bordadas que se amarran en la cintura y el elemento más destacado, el bonete, que es una especie de gorro alto y cilíndrico hecho con cartón, forrado con un papel llamativo y adornado con festones y flores multicolores hechas con papel. La tambora y “la vaca”, es decir el cuerno que suena, se escuchan por las calles previo a la Semana Santa.

La Judea comienza formalmente el Domingo de Ramos, cuando se hace la procesión de ramos o de las palmas, que va desde la capilla de Nuestra Señora de Guadalupe, ubicada en la entrada norte del pueblo, hasta el templo de San Andrés, en el centro, y se hace para remembrar la entrada de Jesucristo en Jerusalén. Los asistentes caminan al ritmo de la vaca y la tambora, cargan ramos hechos con palmas y laurel que es recogido en la sierra, a unos dos días de distancia a pie. Para esta festividad, los organizadores de La Judea solicitan un permiso especial al ayuntamiento local, por medio del cual se les otorga el poder y control del pueblo, durante los días santos los creyentes católicos serán los encargados de administrar la justicia en el pueblo, ellos deciden si encarcelan u obligan a participar a quien consideren que comete actos impuros o no respeta la solemnidad de las fechas.

Lunes y martes son días para que los participantes, que ahora serán llamados genéricamente “judíos”, afinen los detalles de sus vestuarios, adquieran cadenas que harán sonar durante sus recorridos por las calles y preparen la pintura negra con que cubrirán sus rostros, que normalmente se hace con una mezcla de hollín y crema, vaselina o manteca. Los judíos se agruparán en tres bandos, uno central que será llamado “los del juego”, representarán a los soldados que se rifaron las ropas de Jesucristo cuando estaba en la Cruz. Uno lleva consigo una baraja, simboliza el juego de azar, otro una mantilla roja, representa las ropas que cubrían a Cristo y que luego fueron rifadas, mientras que otro hace girar una canastilla de carrizo que simboliza la balanza de la justicia, el resto de los miembros de este grupo, de los del juego, llevan consigo cadenas que lanzan por el aire o la tierra para hacerlas sonar. Los otros dos grupos son más numerosos, son un par de filas que corren alrededor de los judíos del juego y de la vaca y la tambora, las filas se colocan flanqueando los judíos del juego, una a la derecha y otra a la izquierda. Los tres grupos de judíos corren por las calles al ritmo que les marcan la vaca y la tambora, acompañados por un grupo de espectadores que se debe colocar atrás de estos instrumentos, donde también caminan los fariseos, que normalmente son hombres, aunque en los últimos años se permite la participación de mujeres y niños para representar a estos personajes que se caracterizan por llevar unas varas de carrizo largas, de hasta unos tres metros, forradas con papel multicolor rizado y rematadas en las puntas con tiras de papel multicolor y flores de papel picado.

El Miércoles Santo hacen su aparición los judíos. Luego de que la tambora y la vaca suenan por un rato, se reúnen en el atrio de la iglesia para participar en un coloquio donde se representa la aprehensión de Jesucristo mientras oraba en el huerto de Getsemaní, a este evento se le conoce como el prendimiento. La gente se reúne en el templo para escuchar las lecturas y apreciar el momento de la detención de Jesús. Una imagen de Jesucristo preso es colocada en el centro de la iglesia, rodeada de una enramada de varas de sauce para simular la estancia en el huerto. A continuación, un ministro de la iglesia o el mismo sacerdote tienen un diálogo con los judíos, en el que la autoridad religiosa hace los diálogos de Jesús y pregunta “¿a quién buscan?”, a lo que los judíos responden al unísono “¡a Jesús el Nazareno!” y se dejan caer de rodillas, luego, uno de los participantes, el que personifica a Judas Iscariote y se distingue del resto por llevar una túnica negra, un bonete negro y una peluca con crin de caballo, se acerca a la imagen de Cristo mientas el resto comienza a sonar sus cadenas, luego le cubre los ojos con una venda y le besa la mejilla, justo en ese momento “llora” el cuerno de vaca y suena la tambora, el resto de los judíos ingresan apresuradamente y apresan la imagen de Jesucristo. Enseguida los judíos, con el resto de los feligreses que se dieron cita en el templo, harán un pequeño recorrido por el centro del pueblo con el Cristo preso, mismo que será colocado en otra enramada a las afueras del templo principal para que pueda ser visitado por los parroquianos.

La noche del miércoles los judíos correrán por las calles del pueblo mientras Jesucristo permanece preso. Ya se integraron nuevos personajes al elenco, se trata de Barrabás, Dimas y Gestas, ladrones enjuiciados y crucificados junto con Jesús según la tradición católica. Aparecen también “los cuerudos”, dos hombres vestidos con pieles de vaca y sombreros con astas de venado, llevan consigo un chirrión, que es una especie de látigo, que les ayuda a mantener el orden en las filas. Otro nuevo personaje es “la mano”, se trata de un judío que carga una mano de madera bañada con pintura negra, sirve para marcar a quienes no mantienen el orden. Mientras tanto, Judas arroja entre los espectadores un morral con monedas que suena al rodar por el piso, simboliza el pago que obtuvo por entregar a su maestro, mismo que ahora rechaza, pero el resto de sus compañeros se lo regresan cada vez que intenta desprenderse de él, para recordarle su traición.

Durante el Jueves Santo los judíos corren por el pueblo desde la mañana, ya por la tarde se preparan para la ceremonia del lavatorio de pies en el templo. Para esta actividad un grupo de hombres personificarán a los apósteles de Jesucristo. Ellos son vestidos por las mujeres de sus familias en una íntima ceremonia en uno de los salones parroquiales, los atavían con túnicas blancas, les ciñen la cintura con un cordón y les cubren la cabeza con un pequeño gorro tubular, todo en color blanco también.  Ya que están preparados se les da la señal a los judíos para que los escolten por las calles del salón al templo, donde los espera el sacerdote para oficiar una misa y llevar a cabo el lavado de pies de los discípulos, como se narra en la biblia que Jesucristo lo hizo con sus apóstoles. Una vez terminado el lavatorio el sacerdote bendice pan que llevan los asistentes y los apóstoles son escoltados de regreso al salón. Los judíos corren por lo que resta del día.

El Viernes Santo es el día más concurrido, llegan creyentes de las distintas comunidades parroquiales de San Andrés del Téul para participar en el Via Crucis, que es la escenificación del recorrido que hizo Jesucristo desde el lugar de su juicio hasta el lugar de su crucifixión. Este día también aparecen nuevos personajes. Por la mañana los judíos recorren los cerros y arroyos de los alrededores en busca de “Los Barrabaces”, como se conoce en conjunto a Dimas, Gestas y Barrabás, debido a que intentan escapar de su destino, la crucifixión. Mientras eso sucede a las afueras del pueblo, las calles son recorridas por “Las Muertes”, personajes que simbolizan los decesos que ocurrirán ese día por la tarde, ellas son las encargadas de hacer el llamado para comenzar el recorrido del Via Crucis, lo hacen con unas sonajas de madera con metal y matracas, porque ese día no se tocan las campanas de la iglesia, pero los sonidos sirven para llamar a la población en cada una de las calles. Las muertes visten también calzón y camisa de manta, la cabeza la llevan cubierta por una máscara de tela, todo su atuendo está pintado con huesos negros y algunas frases pícaras; estos personajes no pueden hablar, por lo que se comunican a señas y con un pitillo hecho de carrizo, llevan consigo pequeñas hachas de madera que simbolizan la guadaña de la muerte.

El Via Crucis recorre los altares preparados por algunas familias, que son colocados afuera de los domicilios elegidos previamente. Al contingente se le unen más personajes, por ejemplo: Los Carpinteros, son hombres vestidos con pantalón de mezclilla y camisa vaquera, llevan herramientas con las que harán las cruces para ejecutar las sentencias; Las Verónicas, por la mañana son tres niñas vestidas de blanco que cargan la corona y clavos para Jesús, así como un paño con el que se le limpia el rostro, por la tarde, luego de la muerte de Cristo, Las Verónicas son representadas por tres señoritas vestidas de negro; Las Mujeres Piadosas, es un grupo de mujeres que visten de negro y acompañan a la virgen María en su pesar; Los Jueces, tres hombres vestidos completamente de negro, con el rostro cubierto, representan a Pilatos, Caifás y Herodes, son los encargados de dictar la sentencia del mesías; Simón el Cirineo, es representado por un niño y ayuda a cargar simbólicamente la Cruz, Los Centinelas, son hombres vestidos de negro que montan a caballo y participan con los judíos del juego durante este día y el Centurión, un hombre a caballo que rondaba por el pueblo vigilando a Jesucristo cual espía.

Una vez terminado el recorrido por las estaciones del Via Crucis los asistentes se reúnen en la explanada que está al lado del templo de San Andrés para atestiguar la crucifixión de Jesús. Los judíos forman un círculo y agitan sus cadenas, el cuerno de vaca y la tambora suenan sin parar, al centro del contingente se coloca la imagen de Cristo, sobre una mesa, y debajo de ésta ,las muertes, que golpean sus hachas de madera contra la mesa, es una de las escenas más dramáticas de la Judea. Las mujeres que acompañaban el contingente con cantos son las encargadas de colocar los clavos y la corona a la imagen de Cristo. Una vez ejecutada la sentencia, se traslada a Jesucristo en la cruz a otra enramada que se coloca dentro del templo, sobre el altar, o bien en el atrio, ahí permanece hasta la hora de su descenso, los barrabases y las muertes le hacen compañía.

Las horas que pasan entre la representación de la muerte de Jesús y su descenso de la cruz son las más tranquilas y silencias de la festividad. Durante ese tiempo los habitantes se reúnen en familia a comer los platillos típicos de cuaresma, mientras que los judíos que son de otras comunidades acuden como invitados en algunos hogares donde la comida se prepara en abundancia con el propósito de alimentar a los visitantes. El pueblo católico está de luto y el pesar se respira en el ambiente, las calles permanecen silencias y solitarias por varias horas, los judíos dejan de correr y descansan un rato. El anuncio de la siguiente solemnidad lo hacen de nueva cuenta Las Muertes, recorren una vez más las calles del pueblo para avisar que llegará la hora de dar el pésame a la Virgen María y esperar la hora del Santo Entierro. Los mismos judíos que apresaron y dieron muerte a Cristo acuden una vez más al templo, cada uno de ellos lleva una flor, cortada de sus propios jardines, con las que adornarán el féretro en el que depositan al Cristo muerto.

Los judíos y voluntarios colocan dos arcos que cruzan el ataúd, lo llenan completamente de flores y salen a las calles para exponer al Cristo muerto ante la comunidad. Regresan al templo de San Andrés, donde colocan la caja mortuoria y salen a correr por lo que resta del día. Al caer la noche los feligreses hacen lo que se llama la Procesión del Silencio, para este acto se apagan las luces de las calles del centro y los creyentes que participan llevan consigo velas para iluminar el camino. El contingente ya no es acompañado por los judíos, pero sí por un coro de mujeres que entonan cantos de lamento y pésame para la madre de Jesús. A partir del día siguiente el control del pueblo vuelve a manos del ayuntamiento.

La tradición oral cuenta que anteriormente los judíos eran excomulgados simbólicamente la tarde el Miércoles Santo y el Sábado de Gloria bajaban al río a lavar sus rostros y quitarse las máscaras de pintura, luego eran acogidos de regreso en la iglesia y se les daba la comunión, por lo cual, para poder participar, quienes desearan ser judíos tenían que acudir a confesarse antes del Miércoles Santo. Otra cosa que ya no se practica pero que es posible rastrear por la tradición oral es la vigilia que se realizaba después de la aprehensión de Jesucristo, a quien los judíos velaban durante toda la noche en la enramada que funciona como prisión, además, existía un personaje no humano, se trata de una perra que participaba en el Via Crucis del Viernes Santo, iba al final del contingente y se le amarraba una rama de árbol para borrar los pasos de los feligreses.

 

La Judea Cora, vínculos con San Andrés del Téul

El pueblo Cora, autodenominado Na’ayarij, es un grupo indígena que habita principalmente en el noreste del estado de Nayarit, su territorio se conforma por parte de los municipios de El Nayar, Acaponeta, Rosamorada, Ruiz y Tecuala, donde se localizan los asentamientos más destacados: Santa Teresa, Jesús María, Mesa del Nayar y Huaynamota (Flores, 2007). Este grupo fue uno de los últimos pueblos indígenas en comenzar a estudiarse en gran medida por su ubicación. “Los coras -junto con los tecualmes, que habitaban en los cañones de los ríos Santiago y Huaynamota- mantuvieron una región autónoma del poder virreinal y de la influencia de la Iglesia católica hasta 1722” (Jáuregui, 2004, p. 11). Jáuregui (2004) explica que los Coras se encuentran en varios puntos de Nayarit que abarcan los límites políticos con Jalisco y Zacatecas. El autor señala además que en el municipio durangueño de Mezquital conviven con tepehuanes y mexicaneros, éste es un municipio que colinda con Jiménez del Téul, aunque en esta última localidad no hay hablantes de lengua indígena según el Inegi (2010).

Debido a las características de la región donde se asientan los pueblos Cora, el proceso de asimilación de la nueva religión fue lento. Los franciscanos, encargados de evangelizar esta parte del territorio de la Nueva España, tuvieron dificultades para ingresar a los dominios de los Cora, por lo que fundaron conventos en la periferia de los asentamientos y realizaban visitas periódicas a los pueblos (Jáuregui, 2004). La lejanía de estos pueblos, así como la postura de rechazo a la nueva religión y el régimen monárquico hicieron que la región se convirtiera en refugio de aquellos que intentaban escapar de la justicia, quienes fueron convertidos más fácilmente, por lo que “la influencia de la religión católica no tardó en manifestarse en un culto sincrético, en el que Jesucristo fue asimilado con el sol” (Jáuregui, 2004, p. 13).

No obstante, como explica Jáuregui (2004), los coras continuaron con sus prácticas y una vez que los jesuitas fueron expulsados de la Nueva España, “los mitotes guerreros fueron desplazados desde el campo de la lucha entre humanos al ámbito de la lucha cósmica; ahora los guerreros coras inmolan, por medio del drama ritual, al astro sol, para que éste a continuación resucite y logre triunfar sobre las tinieblas” (p. 16). En ese encuentro espiritual es que se sitúa el comienzo de la religión Cora de la misma forma en que se encuentra actualmente y en donde se ubica La Judea, que es una de las expresiones más destacadas, puesto que resignifica sus antiguas creencias a través de la religión católica. Las expresiones religiosas del pueblo Cora no solamente se manifiestan en el aspecto espiritual, sino que también forman parte de su organización política y económica (Jáuregui, 2004; Flores, 2007; CDI, 2016, 2017).

La Judea Cora es un tipo de danza de origen mestizo, tipo en corro, con una coreografía de agrupación circular, Jáuregui (2004) explica que “lo que se quiere decir aquí con danza ‘mestiza’ es que, a pesar de que se incluyen elementos en principio foráneos, se trata de una coreografía y un atuendo que corresponden en lo fundamental a patrones amerindios” (p. 36), que se conjugan con algo de música. Para La Judea Cora, la flauta y la “trompeta”, son el acompañamiento rítmico del tambor y el caparazón de tortuga, y toda la escenificación se ejecuta a pie sobre el suelo. Al sistema de cargos en la esfera civil, es decir en la autoridad tradicional, le corresponde un sistema de cargos en la Judea, así se establecen las siguientes relaciones: Gobernador primero-Centurión primero; Gobernador segundo-Centurión segundo; Teniente-Capitanes; Alguacil-Cabos; Alcalde-Maureka; Justicias-Perrillos; Topiles-Nazareno; Caporal-Apóstoles; Vaqueros-Fariseos o variceros, además de los judíos que son entre 100 y 500 (Jáuregui, 2004), con estos datos se pueden establecer las primeras conexiones entre la Judea del pueblo Cora y la Judea en Jiménez del Téul, porque los nombres de los cargos, así como sus funciones, son muy similares.

Como explican Jáuregui (2004) y Flores (2007), la Judea Cora es una práctica que se realiza durante la Semana Santa en algunos asentamientos indígenas de este grupo en Nayarit. Aparentemente, la Semana Santa católica intentó sustituir la antigua práctica del mitote guerrero, en la que se representaba una lucha cósmica relacionada con el ciclo del maíz y el sol. Durante una semana, los indígenas coras se transfiguran en diferentes personajes como los judíos, los moros, demonios blancos o negros, los borrados o dobles de Cristo, además de los mencionados en el párrafo anterior, con el objetivo de ejecutar una serie de rituales propios de esta época, con actividades precisas que se desarrollan durante el día o la noche. Al igual que sucede con la Judea en Jiménez del Téul, las autoridades civiles ceden a los judíos el control de la vida pública en las comunidades.

Los judíos y los demonios coras se “borran” con cenizas de olote quemado, arcilla y polvos de colores, con el propósito de personificar a los guerreros del pasado, a seres de inframundo al pintar sus rostros y cuerpos semidesnudos junto a fuentes naturales de agua, ellos caminan durante los días santos, del miércoles al viernes, en filas al son de la flauta y el tambor, asimismo ejecutan las danzas guerreras mientras gritan, ofrecen sacrificios simbólicos, realizan bromas y combaten en la lucha cósmica (Flores, 2007; Jáuregui, 2004). En ambas escenificaciones de la Judea la trasfiguración y la adopción de un rol distinto es uno de los rituales centrales, cuando un hombre cubre su rostro con pintura y se atavía para dar paso a otro ser, al judío, al guerrero.

La Judea Cora se basa en los movimientos del sol y el eje para el desarrollo de las actividades se sitúa en un espacio doméstico, generalmente la casa de uno de los principales, que se acondiciona para tener las funciones del templo, se trata de una enramada en la que se colocan al interior las imágenes de santos, vírgenes y el Cristo (CDI, 2017). La ceremonia del mitote se lleva a cabo en un patio amplio y circular, junto a este recinto, en cuyo centro se prepara un fuego sagrado que será alimentado con las varas de la enramada, que se construye en el extremo oriental y se denomina altar-tapeistle o emparrillado de varas, que se sostiene en cuatro postes y se corona por arcos de flores entrecruzadas diagonalmente “los cuales representan la bóveda celeste y, de manera más precisa, el cielo nocturno estrellado” (Jáuregui, 2004, p. 30). Estos arcos floreados y cruzados recuerdan a los que se colocan sobre el féretro de Cristo en la Judea de Jiménez del Téul, cuando los judíos llevan flores de sus jardines para decorar la caja mortuoria y realizar un recorrido por las calles del pueblo.

A continuación, se presenta una descripción de las actividades basada en el documental Judea de los nayeerijte [ii] (CDI, 2017), así como en datos proporcionados por Jáuregui (2004), Flores (2007) y la CDI (2016), a la par que se intenta enlazar algunos de sus componentes con la Judea en Jiménez del Téul, según el trabajo de Guevara (2010), donde también describe las actividades y personajes de esta celebración zacatecana.

El Miércoles Santo los judíos coras toman la enramada como su cuartel y se hace la limpieza del espacio, asimismo elaboran sables de madera, un emblema característico de estos personajes en la comunidad Cora; en la Judea de San Andrés del Téul sólo los capitanes de las filas llevan unos machetes de metal, son símbolo de su jerarquía, con ellos lideran el bando y marcan el camino por donde irán. La corona, que en Jiménez del Téul se conoce como bonete, se hace también con cartón, engrudo y papel de colores, mientras que el uso de cuernos de venado se reserva para los guerreros astrales. En Jiménez del Téul quienes usan astas de venado son los personajes conocidos como “cuerudos”. En la judea Cora hay máscaras y quienes las portan se convierten en seres de otro mundo, en las comunidades también se elaboran ofrendas de flores con clavellinas y el interior del recinto ceremonial es decorado con palmas cortadas en los bosques de la región. Los capitanes se reúnen en el centro del recinto, es decir en el patio circular, para solicitar a la deidad una buena fiesta, mientras que los oficiales hacen ofrendas de tamalitos de pinole, además de flores naturales. Este día los judíos negros llegan con sus sables, pero aún visten su ropa normal, ofrendan también tamales de pinole preparados por las mujeres al atardecer y además flores, estas ofrendas representan el alimento para Jesucristo y los santos que son colocados en la enramada, que se convierte en el recinto ceremonial. Todos los movimientos de los judíos son acompañados por los sonidos de la tambora y la flauta que, al igual que la tambora y la “vaca” en Jiménez del Téul, marcan el ritmo de las coreografías de los judíos.

El Jueves Santo, a la media noche, quienes serán los judíos acuden al arroyo y mientras ellos aguardan en ese lugar, en el recinto ceremonial, por la madrugada, se cubren las imágenes de los santos y se depositan en el piso, luego se coloca una enramada al interior del recinto, pero esta vez sólo se colocan varas a los costados del altar. Dos grandes sablones y lanzas de madera previamente tallados en los troncos de grandes árboles se colocan en los costados de la puerta, para acechar desde la entrada del templo. La expresión corporal, así como el uso del cuerpo en la ritualidad, constituye uno de los principales elementos de la judea de los Cora, así como de la judea en Jiménez del Téul, en ambos escenarios los judíos se pintan los cuerpos y el rostro con tintes negros, la personalidad es “borrada” y con ese ritual se transforman en seres de inframundo que surgen de fuentes naturales de agua, en el caso de los Cora, y en pecadores con aspecto macabro en el caso de la comunidad de San Andrés del Téul. Para los coras este es un ritual de paso para que los jóvenes se conviertan en hombres. En el Jueves Santo aparecen los judíos negros coras y la autoridad tradicional es “aniquilada”; en Jiménez del Téul el poder se transfiere a los judíos por acuerdo con las autoridades civiles, pero esto ocurre desde el miércoles por la tarde.

Ese mismo día, ya con la luz del sol, en la puerta del templo los judíos negros confrontan a los oficiales, quienes preguntan en voz alta de dónde vienen y a quién buscan, a lo que los judíos negros responden “al nazareno”. Luego de esta escenificación -que recuerda a la efectuada entre los judíos y el sacerdote o los ministros en el templo de San Andrés el miércoles Santo por la tarde-,  los judíos negros se apoderan del lugar cuando dan siete vueltas por el circuito procesional, que es un camino trazado alrededor del templo o recinto ceremonial y en el patio del mismo. Los judíos negros acechan el templo, los sablones y megalanzas de madera son introducidos al templo y flanquean a Jesucristo, se lanzan cohetes para cerrar la gloria y es el momento que representa la aprehensión de Cristo en el huerto de Getsemaní, recordemos que el prendimiento en San Andrés del Téul también se hace al interior del templo, en una enramada. Frente a la enramada, es decir el recinto ceremonial, danzan los judíos en sentido contrario a las manecillas del reloj, los cabos, otros personajes que hacen su aparición, sacan una soga negra para derribar a los judíos. Los cabos tienen su par en la Judea de Jiménez del Téul, los llamados cuerudos blanden un látigo en el aire y lo pasan sobre la cabeza de los Judíos para hacerlos agachar, ellos se encargan de mantener el orden. Para los Cora hay un baño ritual a las dos de la tarde, y a partir de ese momento ya pueden tomar agua, cosa que tenía prohibida.

Al final del día llegan los apóstoles, que son personificados por 12 hombres que llevan una palma en la mano. Después de unas horas aparecen los donantes, que puede ser cualquier habitante de la localidad, ellos intercambian los alimentos preparados en casa, todos comen y beben la comida y bebida preparada por la comunidad, y al final se les reparten alimentos a los judíos negros. En Jiménez del Téul la gastronomía típica de la semana mayor es también un elemento importante en la Judea, las familias preparan platillos en grandes proporciones con el fin de invitar a comer a los judíos que acuden de otras comunidades.

Después de que se comparten los alimentos, en otra parte del arroyo se preparan los judíos blancos, o estrellas matutinas, quienes inician su propio ritual de transfiguración, dejan de ser humanos para convertirse en soldados astrales, estrellas venados. A diferencia de los judíos negros, que son más reservados y sobrios, con los judíos blancos hay ambiente de algarabía, sus rostros también son borrados. Éstos adornan su cabeza con máscaras o coronas con cuernos de venado, también llevan sables de madera. Después del ritual de borrarse se hacen dos filas, una de judíos negros y otra de judíos blancos, y se preparan para la batalla. Ambos contingentes arriban al atrio del templo católico e inician su danza en círculos, luego se suscita el encuentro, se unen en una larga fila, forman un solo contingente y serpentean en todas las direcciones cardinales, luego se trasladan al patio de la enramada, sede del recinto ceremonial, donde hacen danzas circulares y cantan. En la noche prenden un fuego sagrado afuera de la enramada y lo alimentan con las varas del techo, posteriormente los judíos congregan a los feligreses y las mujeres conforman la procesión nocturna, llevan consigo velas y caminan en sentido de las manecillas del reloj. Más tarde se sacan los megasables y lanzas de la enramada y se da sepultura a Jesucristo a la media noche, al final de la velada hay una velación nocturna en el templo.

El Viernes Santo se reúnen todos los judíos en el arroyo, los sablones se transforman en sables grandes que se lavan y se pintan, al igual que los judíos durante este día, con colores rojo, morado, amarillo, rosa, verde y azul, en esta jornada se ejecuta la muerte del Cristo Sol. Para el ritual se borran primero los capitanes y todo se hace acompañar por el sonido de la tambora y la flauta, todo se decora con multicolores de anilina. El vestuario y el colorido de este día en particular es el que más semejanza tiene con la Judea en Jiménez del Téul, en ambas expresiones se utilizan unos sombreros adornados con tiras de papel multicolor, los coras los llaman coronas y los jimenenses bonetes. Las máscaras de pintura también son similares, porque el negro y el rojo son los colores que predominan, sin embargo, hay diferencias en el vestuario, mientras que los coras usan un pantalón corto nada más, en Jiménez del Téul consiste en pantalón y camisa de manta, servilletas bordadas atadas a la cintura y huaraches, que recuerda bastante a la ropa usada por el campesino mexicano de principios del siglo XX, tal vez antes de esa época la vestimenta era diferente, quizás similar a la usanza de los coras.

Al medio día aparecen los judíos multicolores en dos filas, entran al patio ceremonial, una fila por el norte y otra por el sur, acechan el templo tradicional, rodean el sepulcro y atacan al cristo tendido en su recinto mortuorio, se trata de la figura que está en el templo, es la primera representación de Jesucristo. Los judíos celebran el triunfo con danzas y cantos, la muerte del Cristo despierta el júbilo. Para la procesión de la tarde, a un burro le colocan la montura al revés, encima colocan plantas espinosas y el jinete lo monta al revés, ambos portan collares de cascarón de huevo. En la puerta del templo se cruzan los grandes sables, sobre ellos suben al nazareno niño, segunda representación de Jesucristo, pintado de blanco con tonos rojos en el pecho, la espalda y las rodillas para simular la sangre y las heridas del martirio y la crucifixión, los variceros cruzan sus lanzas sobre la cabeza del niño. En la Judea de Jiménez los variceros se hacen llamar fariseos, también portan varas de carrizo alargadas adornadas con papel multicolor.

Una vez de vuelta al templo, luego de hacer una procesión, aparece la tercera representación del Cristo, se trata de el nazareno fálico o el charro negro, que es una figurilla  hecha por ellos mismos con ceras naturales, como una metáfora del sol nocturno, de la que sobresale el miembro viril con la punta enrojecida. Un par de judíos lo exhiben, huyen con él, lo ocultan y se refugian después en el templo, los judíos lo buscan y persiguen con animales emblema, que son ardillas o tejones disecados y rellenos con zacate. Este ritual de búsqueda también ocurre en San Andrés del Téul durante la mañana del Viernes Santo, pero la diferencia es que los judíos no buscan a Cristo, sino a los ladrones que deben ser crucificados junto con él, quienes se ocultan a las afueras del pueblo, entre los cerros, arroyos o en las orillas del río. Cuando los judíos coras encuentran en el templo a quienes ocultaron al nazareno fálico expulsan a sus aliados y ahorcan a los animales emblema en el campanario, mientras el nazareno es castigado y destruido en público a golpes con los sables de madera.

En la tarde del Viernes Santo hay un desafío en el circuito procesional, hay dos filas, se enfrentan judíos blancos y negros aunque no se distingan porque todos son multicolor por el momento, todos realizan movimientos de pelea, los vencidos caen y son trasladados por los oponentes al poniente donde son desollados simbólicamente, luego se les resucita con jugo de limón en la boca. El segundo reto inicia en la parte poniente, forcejean, pelean de nueva cuenta, hacen chocar sus sables, pero los vencedores de la batalla anterior ahora son vencidos, son desollados y al final resucitados de igual forma. Los judíos resucitados se forman en dos filas y entran al recinto abrazados mientras cantan. Al anochecer ejecutan más cantos alrededor del fuego sagrado, hasta que queman todas las varas de la enramada. Los judíos patrullan por las calles y congregan a la gente en el sitio ceremonial. Con la muerte de las tres representaciones del Criso Sol culmina el deceso de las fuerzas luminosas y tras su victoria, los seres de la oscuridad de autodestruyen.

Finalmente, se hace una procesión nocturna en la que participa el resto de los creyentes pero que no son judíos, llevan velas y caminan en sentido contrario a las manecillas del reloj, los judíos corren en círculos alrededor de la procesión que porta el sepulcro de cristo. Luego, las mujeres hacen una procesión en sentido de las manecillas del reloj, con las imágenes de las vírgenes y también velas encendidas. Todos se reúnen en el atrio para velar el sepulcro. Pasadas las diez de la noche las malinches, representaciones de la diosa de la tierra, presiden la misa comunal y se reparte agua fresca de tamarindo entre los oficiales del templo y los judíos. A la media noche se desmantela el sepulcro del Cristo, se le quitan las cobijas que lo cubrían y se introduce la imagen al recinto sagrado, se clava en la cruz y se coloca al centro del altar, con lo que se simboliza su resurrección, los judíos cantan y caen al suelo, ruedan, se arrastran entre alaridos y corren a su cuartel. En Jiménez del Téul, durante el viernes Santo también se da muerte a Jesucristo y la procesión de la noche se conoce como Procesión del Silencio y, como ya se mencionó, los feligreses recorren las calles del centro del pueblo con el féretro de Jesucristo, todos en silencio, a oscuras y con velas encendidas.

El Sábado de Gloria es el último día de la Judea Cora, este día aparecen de nueva cuenta los judíos negros primero y luego los judíos blancos para concluir el proceso ritual. Las coreografías rituales ahora son al revés, para simbolizar que están deshaciendo lo que hicieron y desandando lo andado. La idea de borrar los pasos recorridos estaba también presente en la Judea de Jiménez del Téul, sólo que en este caso la encargada de borrar los pasos andados era la perra a la que se le amarraba una rama y caminaba al final de la procesión. Ambos bandos, judíos negros y blancos, aparecen en el recinto ritual y realizan sus coreografías, pero ahora en sentido contrario, luego recorren las casas del pueblo para recibir comida, bebida, cigarros o alcohol, estos regalos se depositan en la enramada y los borrados danzan en el patio, los negros adelante y los blancos atrás, las filas circulan el sitio ritual en sentido opuesto hasta encontrarse, entran en dos filas, se amontonan, los capitanes les ordenan recostarse en el piso. Soldados y variceros se forman en dos filas, frente a frente, a las seis suenan las campanas, lo que significa que se abrió la gloria, en ese momento los variceros rompen sus lanzas en varias partes, pero se quedan con la última y la usan como sable para enfrentarse a los judíos y con el apoyo de los soldados son perseguidos a toda velocidad. Como final del combate, del mitote, los judíos chocan sus sables con los de los soldados y variceros, luego los capitanes de los judíos ponen sus sables, coronas, tambor y flauta sobre la mesa de las autoridades, y como parte del ritual preguntan si hicieron algo mal, por su parte el Principal les da las gracias y la Semana Santa concluye. Lo que resta es que los demonios y los judíos regresan al río, lugar donde se habían borrado, para limpiarse con agua y recuperar su humanidad, con ello se restituye la autoridad civil. Cabe recordar ahora que la visita a una fuente natural de agua era parte de la ritualidad en la Judea de Jiménez del Téul, cuando los judíos iban al río que atraviesa la comunidad para limpiarse la cara y el cuerpo y con ello lavar simbólicamente sus pecados, pero además, como sucede con el pueblo Cora, para recuperar su humanidad y ser recibidos de vuelta en la comunidad católica, mediante la comunión.

 

Comentarios finales

La celebración religiosa de la Judea Cora de Nayarit y la de San Andrés del Téul, Zacatecas, son ceremonias que se expresan más con acciones simbólicas que con palabras, ambas tienen como soporte la tradición oral y su persistencia se sustenta en la práctica ritual, con la escenificación anual colectiva del acontecimiento. Esta tradición se sustenta con la acción, cuando se participa en los distintos rituales se propicia la trasmisión, es decir que su legado se perpetua gracias a la tradición oral y a su carácter participativo, desde donde, mediante la observación de sus elementos, se pueden realizar lecturas para entender cómo los actores involucrados son capaces de conocer la forma de realizar cada ritual, desde la forma de actuar hasta la vestimenta, el arreglo del cuerpo, la construcción de la arquitectura efímera o la relación de los rituales con el tiempo y el espacio.

Tratar de establecer conexiones entre la Judea celebrada en Jiménez del Téul y la Judea Cora hace pensar en el pasado histórico del municipio zacatecano, por lo que este sencillo trabajo tiene el propósito de colocar sobre la mesa la discusión sobre el proceso de evangelización de esta parte del territorio zacatecano, porque el legado que se tiene hasta la actualidad hace pensar que los métodos empleados fueron muy singulares, al no encontrarse pinturas o inmuebles antiguos, pero sí una festividad de carácter teatral que no se encuentra en algún otro municipio zacatecano. Además de lo anterior, uno de los propósitos es también abonar a la reconstrucción de la historia no sólo de la comunidad, sino de la región, porque particularmente Jiménez del Téul es un municipio que si bien económicamente es uno de los más marginados del Estado, en su territorio se pueden encontrar interesantes manifestaciones culturales, tal como es el caso de la Judea de Semana Santa.

Las relaciones encontradas en esta breve exploración permiten establecer un vínculo inicial para repensar el pasado indígena de esta comunidad zacatecana, pero además, permitirá reafirmar la identidad colectiva de sus habitantes al dilucidar una de sus celebraciones religiosas más importantes, al emparentarla con un pueblo en el que aún es posible rastrear el simbolismo presente en la celebración de la Judea, lo que podría enriquecer además de la historia común y la identidad, la memoria colectiva de la localidad, que es la base sobre la que se sustenta la continuidad de esta expresión cultural.

El camino seguido con este breve documento continúa con la idea de abrir las puertas para realizar estudios más profundos sobre esta celebración en particular que forma parte del rico patrimonio inmaterial de una comunidad económicamente pobre. Los distintos enfoques desde los que se puede analizar van desde la historia, la antropología, el patrimonio, las expresiones religiosas e incluso el desarrollo regional. La Judea de Semana Santa en Jiménez del Téul es un objeto de estudio rico y poco estudiado, debido a las propias condiciones de la comunidad, pero que en los últimos años ha llamado la atención de antropólogos, historiadores y cineastas, gracias a la peculiar forma de celebrar la Semana Santa en este poblado.

 

Referencias

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Flores, M. (2007). La Judea, Semana Santa Cora (Jesús María, municipio El Nayar, Nayarit). [Mensaje en un blog]. Recuperado de: http://www.azcatl-tezozomoc.com/foros1/showthread.php?tid=2271.

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Schafer, R. (1969). El nuevo paisaje sonoro. Un manual para el maestro de música moderno. Argentina: Ricordi.

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Notas

[i] Este vocablo tiene su origen en los programas de desarrollo que se elaboraron bajo la dirección del Instituto Nacional Indigenista durante las décadas de 1950, 1960 y 1970. En 1971 se creó el Centro Coordinador para el Desarrollo de la Región Huicot a efecto de que se hiciera cargo de la coordinación del Plan Huicot, el cual quedó inconcluso con respecto de sus objetivos originalmente planteados.

[ii] En las referencias aparece como “Cine indigenista. Semana Santa Cora”, por ajustes con las normas APA.

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